Tal como se relató a Erica Rimlinger
Tenía 19 años cuando se manifestaron por primera vez mis síntomas de asma, pero no sabía lo que pasaba. Pensé que simplemente tenía un resfriado grave que no sanaba. Tenía una tos que no me permitía reír durante el día ni dormir durante la noche. Sentía opresión en mi pecho, dificultad para respirar y tenía sibilancia.
En mi infancia era saludable, pero mi papá y mi hermano tenían asma. Cuando éramos niños, eso no nos daba miedo porque no sabíamos cuán peligrosa puede ser el asma. Siendo adulta, sabía lo que pasaba y tenía pánico porque no podía respirar. Iba a la sala de emergencias varias veces al año y me hospitalizaban por esos síntomas al menos una vez al año. Cada vez, me recetaban un corticoesteroide llamado prednisona. Lo tomaba y me parecía maravilloso. Me permitía respirar. Lo tomaba por un tiempo y luego dejaba de hacerlo según las indicaciones que me daban.
El problema era que mis síntomas no desaparecían por mucho tiempo. Encontré un alergólogo, pero él también me recetó prednisona. Probé al menos media docena de inhaladores y cualquier tratamiento nuevo que me recomendaban. Estaba dispuesta a probar cualquier cosa que pudiese ser útil. A veces los medicamentos aliviaban mis síntomas por periodos cortos de tiempo, pero siempre terminaba usando prednisona otra vez que se supone que debe usarse solo a corto plazo. En esos momentos no lo sabía, pero usaría prednisona casi en forma continua por casi 20 años.
La prednisona tiene muchos efectos colaterales y experimenté varios de ellos. Siempre tenía hambre, aumenté de peso, tenía inestabilidad emocional, me ponía nerviosa y hubieron muchas noches que no pude dormir. Y también tenía miedo porque sabía que mis medicamentos no estaban controlando realmente mi trastorno.
Sabía que mi asma podía manifestarse nuevamente en cualquier momento y de hecho lo hacía. Me encanta reír y temía reír demasiado porque eso podría hacer que tosa y que vuelva a tener una crisis asmática. Tengo orgullo de ser portorriqueña y me encanta la salsa pero no podía bailarla. Simplemente tenía mucho miedo por el asma.
Incluso odiaba caminar. Administro un programa de residencias y parte de mi trabajo es dar tours del hospital a doctores nuevos. Soy muy social, pero me daba pánico caminar y hablar. Empecé a tener una buena relación con una doctora en mi lugar de trabajo porque ambas somos asmáticas. Me dijo que ella siempre sabía cuándo mi asma era grave por mi voz y niveles de energía.

Durante una de mis hospitalizaciones, conocí a un especialista en asma muy reconocido y que trabajaba en el hospital. Le pregunté si podía ser su paciente. Esa fue la mejor relación que he tenido con un doctor. Realmente me escuchó.
Probamos varios tratamientos nuevos. Yo tenía paciencia: Esperaba de 3 a 6 meses para que los medicamentos funcionen. Mi especialista en asma, con quien tenía muchas más consultas que con mi profesional clínico de cabecera, era un doctor que confiaba en lo que yo había experimentado y que me escuchaba cuando le decía que un medicamento no funcionaba. Nunca dudaba de lo que le decía ni trataba de convencerme de que si funcionaba.
Algunos medicamentos funcionaban por periodos cortos de tiempo, pero se volvían menos efectivos después de unos meses, y terminaba usando dosis mayores de prednisona, y me frustraba que nada funcionara para mí. Una vez, después de una decepción enorme por un medicamento que no funcionó, incluso pregunté si me podían hacer un trasplante pulmonar.
Luego, aproximadamente hace siete años, vi uno de esos comerciales que indican que "hables con tu doctor" de un medicamento nuevo que se administra mediante inyecciones. La semana siguiente estaba en el consultorio de mi especialista con sibilancia y tosiendo y le pregunté si podía probarlo. Tenía que hacerme pruebas de sangre para ver si podía tomarlo y una vez que se demostró que sí, obtuve la aprobación del seguro.
Después de las primeras dos inyecciones, sabía que estaba funcionando. Lo sabía porque podía hablar sin toser y caminar sin sibilancia y me estaba librando gradualmente de la prednisona. Después de aproximadamente cinco meses, me sentía mejor de lo que me había sentido en años. No quería emocionarme demasiado. Había usado prednisona tanto tiempo que la mera idea de no usarla era como un sueño.
Después de siete años, ese medicamento nuevo todavía me mantiene sin ningún síntoma y disfruto mi vida al máximo. No he vuelto a usar prednisona desde entonces.
Ahora soy de mayor edad, pero me siento como cuando era más joven. Ahora bailo salsa otra vez y no tengo miedo de salir, incluso sin mi inhalador. Disfruto cuando camino y hablo en el trabajo. Tengo muchos familiares y amigos alegres y ahora puedo reír plenamente sin restricciones por el temor de una crisis asmática
El asma es algo tenebroso, tengo tíos que murieron de crisis asmáticas en años recientes, pero sé que a veces también puede dar miedo tener esperanza. Quiero que otras mujeres sepan lo que me pasó para que no teman tener esperanza de que un tratamiento para el asma funcione para ellas. Soy la prueba viviente de que incluso con una asma grave, las personas pueden tener una vida sin síntomas y sin miedo y que pueden bailar como no lo habían hecho en años.
Este recurso educativo se preparó con el apoyo de Sanofi y Regeneron.
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