Tal como se relató a Nicole Audrey Spector
El día que descubrí el baile cuando tenía 10 años, me apasioné inmediatamente y supe que quería ser una bailarina profesional. Mis familiares respaldaron mis sueños y se llenaron de orgullo cuando obtuve mi primer trabajo como bailarina de apoyo de Beyoncé en los Billboard Music Awards. Tenía solo 17 años. Un año antes me dijeron que en algún momento tendría leucemia.
Me lo dijeron en una carta de la Cruz Roja Americana. Llegó por correo después de que doné sangre por primera vez. La carta detalló un hallazgo preocupante en mi análisis de sangre (no recuerdo los detalles específicos) e indicó que ya no podría donar sangre porque desarrollaría leucemia en los siguientes 10 a 15 años.
Mis padres entraron en pánico cuando leyeron la carta y me llevaron a un centro para que me hagan pruebas de sangre. Todo parecía estar bien. El doctor nos dijo que la predicción de leucemia era un hallazgo erróneo, uno que suele ocurrir en los análisis de sangre de personas de ascendencia polinesia (soy hawaiana y samoana). El doctor nos aseguró que tenía una salud perfecta y dijo que no debíamos preocuparnos.
Y tenía una salud perfecta. Hasta que dejé de tenerla cuando cumplí 34 años.
Los síntomas se manifestaron gradualmente, en oleadas. Lo primero fue una tos que no sanaba. Luego un dolor de garganta incesante. Luego pérdida de apetito, náuseas, dolores de cabeza pulsátiles, sudores nocturnos terribles y disminución de peso involuntaria.
Mis síntomas empezaron unos meses después del nacimiento de mi quinto hijo. Al principio pensé que todo se desencadenó por mis cambios hormonales posparto. Cuando empeoré, asumí que además de todo eso tenía una gripe fuerte.
Era 2020. El mundo estaba en confinamiento por la pandemia del covid. Al parecer tenía covid por mis síntomas persistentes similares a los de un resfriado. Pero las pruebas mostraron resultados negativos. Mi salud seguía deteriorándose. Seis meses y medio después del parto, tenía dificultad para respirar y apenas podía terminar de decir una oración.
Un buen amigo que es enfermero certificado se propuso descifrar lo que me pasaba. Hizo un hemograma completo (HgC), una prueba de sangre que revela el número de células en la sangre incluyendo los glóbulos rojos, los leucocitos y las plaquetas. La prueba reveló que básicamente no tenía glóbulos rojos y un nivel alto de glóbulos blancos. Por eso estaba en tan mal estado.
Corrí al hospital donde me diagnosticaron leucemia mielógena aguda, un cáncer agresivo de la sangre y de la médula ósea. No hubo tiempo para reflexionar sobre el diagnóstico ni para procesar lo que estaba pasando. Estaba en una situación crítica y necesitaba entrar al hospital y empezar con quimioterapia inmediatamente.
Separarme de mis hijos (todos tenían menos de 10 años) fue casi intolerable. Fue especialmente desgarrador separarme de mi hija, quien apenas tenía siete meses. Debido al protocolo de confinamiento del covid, no se permitía que nadie esté en el hospital conmigo. Eso fue realmente traumático para mí y mi familia.
Mi tratamiento empezó con la "quimioterapia el diablo rojo", que no es tan dura como suena. Puesto que mi tratamiento fue tan intenso y que podía causar efectos colaterales graves, tales como la pérdida de mi motricidad fina e incluso la muerte, debía estar bajo observación a toda hora y no podía salir del hospital durante 31 días. Pasé la mayor parte del tiempo en completa soledad.
Sin embargo, no estaba totalmente sola. Sentía la presencia de Dios a mi alrededor y dentro de mí. Aproveché mucho su gracia y amor para tener fuerza. Mi fe me hizo salir adelante esos días, pero también obtuve inspiración y coraje interactuando con el mundo exterior usando las redes sociales.
El covid estaba causando estragos en todas partes y fue una época aterradora y solitaria para todos, no solo para mí. Quería ser una fuente de luz y energía positiva en esos momentos en la medida de lo posible. Por eso, a pesar de que a veces literalmente no podía trasladar mi cuerpo al baño, hice lo que nací para hacer: Bailé.
Todos los días grabe vídeos con mi teléfono en los cuales bailaba mientras recibía medicamentos intravenosamente. Publiqué mis vídeos en TikTok junto con novedades de mi situación y mensajes sinceros en los que hablaba del amor infinito de Dios. A veces trabajadores del hospital, cubiertos con EPI de pies a cabeza, hacían los movimientos de baile conmigo.
A pesar de que estaba cubierta de llagas y de que me dolía todo, bailar me dio alegría. Y esa alegría era contagiosa. Mis vídeos de TikTok se viralizaron y la gente empezó a conocerme como la "bailarina del cáncer".
Pienso que en parte mis vídeos de baile se volvieron populares porque en ellos no me dio timidez hablar de lo que me ocurría. Quería expresar todo lo que sentía: lo bueno, lo malo y lo aterrador, y hubieron muchas cosas espeluznantes. Decir que estaba muriendo no era ninguna exageración. El plan original de los doctores de seis rondas de quimioterapia agresiva se suspendió cuando, después de la segunda ronda, mi cuerpo empezó a colapsar.
La única forma en que podía sobrevivir era recibiendo un trasplante de médula ósea. Afortunadamente mi hermano era un donante completamente compatible. Pero era una cirugía muy difícil y debía estar suficientemente saludable para que me hagan el trasplante. Durante algún tiempo, no tuve buena salud. Me contagie de covid, lo cual causó una insuficiencia renal aguda y neumonía.
Milagrosamente, sobreviví todo eso y me hicieron un trasplante exitoso de médula ósea a finales de 2020. Cien días después, declararon que estaba en remisión y pude regresar a casa permanentemente, en vez de solo de visita.
Regresar al ritmo de mi vida normal fue difícil. Cuando fui al hospital, mi hija era bebé. Repentinamente era una niña pequeña. Perdimos mucho tiempo juntas y por un tiempo ella no reconocía que era su mamá. Por primera vez en mi vida sentí angustia.
Mi esposo me apoyó mucho. Él y Dios me hicieron salir adelante esos días, al igual que mi meta de volver a ser la persona que solía ser. Cambié mucho. Y eso está bien. De hecho, fue una bendición. No era una mala persona antes de mi diagnóstico, pero era impaciente y me obsesionaba alcanzar metas importantes, una tras otra. Pensaba mucho en el futuro, como si el presente no fuese un milagro.
El cáncer me dio una nueva perspectiva. Ahora veo cada día y momento genuinamente como un regalo de Dios. Aprendí a disfrutar cosas que antes me enervaban, tales como recoger cosas que mis hijos no dejan en su lugar y lavar la ropa. ¡Soy muy afortunada de ser una mamá y de poder hacer estas tareas cotidianas mundanas!
Estoy muy agradecida de poder decir que ahora no tengo cáncer. Como siempre, me apasiona usar mi tiempo aquí para compartir la luz de Dios lo más posible y, para mí, eso significa seguir bailando. Pero también significa seguir compartiendo lo que me pasó con la leucemia mielógena aguda con la esperanza de poder ayudar a otros.
Comparto mi historia hoy en parte porque quiero que otras mujeres sepan la importancia de las pruebas de sangre HgC. Un HgC se incluye frecuentemente en las pruebas físicas anuales, pero no siempre. Asegúrate de pedir un HgC la siguiente vez que te evalúen o si experimentas cualquier síntoma. Es posible que eso te permita seguir bailando.
Este recurso educativo se preparó con el apoyo de una subvención educativa de Johnson & Johnson y Servier.
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