Tal como se relató a Erica Rimlinger
No estoy en negación, sé que tener mieloma múltiple es grave y estoy consciente de lo que debo hacer, pero escoger una mentalidad de esperanza me sirve para seguir adelante.
Mi experiencia con el cáncer empezó cuando tuve una consulta con mi proveedora médica de cabecera pensando que podía tener alergias alimentarias. Las pruebas de sangre y de otro tipo que solicitó ese día tuvieron resultados ambiguos sobre mis problemas estomacales pero someterme a análisis de sangre más completos salvó mi vida.
La mayoría de resultados de las pruebas de sangre estaban bien, excepto una cifra que estaba muy lejos de los rangos normales. Le pregunté a mi doctora, pero ella no parecía preocuparse por eso. Si bien confío en ella, presioné para que se hagan más análisis de sangre para investigar lo que sucedía.
Investigué en el internet y aprendí que no habían muchas razones por las cuales esa cifra pudiese tener resultados altos en una prueba de sangre. Eso casi siempre se asocia a mieloma múltiple, un cáncer de la sangre para el cual no se conoce ninguna cura.
No tiendo a entrar en pánico. En mi calidad de madre de tres hijos adultos, sé que la vida da sorpresas, pero siempre he mantenido la calma.
Si lees información de mieloma múltiple en el internet, aprenderás que tiene una tasa promedio de supervivencia de tres a cinco años. No acostumbro a dejar que el temor guíe mis pasos, así que programé una consulta con un especialista de mieloma múltiple inmediatamente.
En esa primera consulta, recibí mi diagnóstico oficial y mi primera dosis de esperanza: Mieloma múltiple asintomático de alto riesgo. El término "asintomático" significa que el cáncer no había dañado todavía mis huesos y órganos, a pesar de que estaba en las células de mi suero. Lo detectamos oportunamente. El término "de alto riesgo" significa que sin ningún tratamiento, probablemente progresaría en los siguientes dos años.
Empecé con un ciclo de cuatro meses de quimioterapia, una combinación de infusiones y píldoras. Afortunadamente, toleré bien el tratamiento con efectos colaterales mínimos.
Cuando compartía las noticias de mi cáncer con mis familiares y amigos, les aconsejaba que no busquen información de ese trastorno en el internet. Incluso mis doctores estaban de acuerdo en que la información en el internet estaba muy retrasada en lo que se refiere a opciones terapéuticas nuevas y emergentes. Hay muchos tratamientos nuevos para el mieloma múltiple y con tantas opciones disponibles, quería que mis seres queridos se enfoquen en tener esperanza en vez de temor debido a estadísticas desactualizadas.
Al mismo tiempo, todavía vivíamos bajo la sombra de la pandemia de covid, así que teníamos muchísimo cuidado cuando salíamos debido a mi sistema inmunitario debilitado. Estas precauciones serían críticas durante la siguiente fase de mi plan terapéutico: el trasplante de células madre. Si bien me aterraba el trasplante, que requería una estadía larga e intensa en el hospital, tenía ansias de hacerlo para poder regresar a lo más importante que era vivir mi vida.
Pasé dos semanas en el hospital. Recibí una dosis alta de quimioterapia que arrasó con mi médula ósea existente y también eliminó todo mi sistema inmunitario. Todas las vacunas de mi infancia se eliminaron (pasé los últimos dos años recibiendo nuevamente las vacunas que recibí en mi infancia, tales como para la poliomielitis, el sarampión y la hepatitis. ¡Todavía no acabo!)
Una vez que se destruyeron las células de mieloma en mi sangre, insertaron mis células madre (que se trataron, recolectaron y se congelaron previamente con un procedimiento denominado aféresis) nuevamente en mi sangre, con la esperanza de que se regeneren sin cáncer.

Durante esas semanas, en la unidad de trasplantes, disminuí 18 libras de peso en 20 días y perdí todo mi cabello. No leí ni vi televisión: Solo dormí durante 14 días. Siete días después de mi trasplante, mis glóbulos blancos alcanzaron su punto mínimo y luego empezaron a aumentar. Me permitirían salir del hospital cuando los glóbulos blancos alcancen un nivel seguro.
Mi esposo, Mitch, y mis familiares y amigos me apoyaron muchísimo durante todo este proceso. Mitch asumió el trabajo duro de las tareas del hogar y de apoyarme. Regresé a mi hogar repleto de amor y mi perro se volvió loco de la alegría al verme.

El asombroso apoyo de mis familiares y amigos me permitieron enfocarme en sanar. La infinita lista de seres queridos que me traían comidas, sorpresas en la puerta, conversaciones incesantes para ver como estaba, personas que se afeitaron la cabeza para mostrar solidaridad, visitas de personas que vivían en otras ciudades, todo eso me hizo sentir muy amada y que tenía mucho apoyo, lo cual despejó mi mente para poder seguir adelante en una forma positiva.
Ya habían pasado cinco meses desde el tratamiento mientras me recuperaba, pero eso no fue una vacación. Pasé las primeras tres semanas en el sofá, sin poder moverme y apenas podía comer. Después de una semana en mi hogar estaba tan harta de estar enferma que me propuse levantarme y moverme. No podía tolerar ni asimilar la comida, pero encontré gomas dulces en la cocina y comí unas. Los dulces me dieron suficiente energía para empezar a moverme en mi hogar y el empujón que necesitaba para empezar a comer, caminar, trabajar y vivir nuevamente.

La siguiente fase de mi tratamiento experimental eran más infusiones, las cuales toleré bien nuevamente y eventualmente se obtuvo una "respuesta completa". Esto significa que no había evidencia de cáncer en mi cuerpo. Con el mieloma múltiple, muchos doctores no usan el término "remisión" puesto que aún no hay una cura.
Extraen mi sangre para pruebas cada tres meses y para las últimas tres consultas, mis pruebas de sangre han tenido resultados excelentes. Todavía tomó un medicamento oncológico potente en casa. Recientemente, me he preguntado si debería continuar con el tratamiento o dar un descanso a mi cuerpo. Interrumpir este tratamiento implica el riesgo de una reaparición más rápida del cáncer y de perder la opción de usar este medicamento otra vez: No se pueden repetir los tratamientos. A pesar de que todavía tengo muchos tratamientos disponibles para mí y que se siguen desarrollando tratamientos nuevos, no quiero descartar todas mis opciones demasiado rápidamente. Este tratamiento funciona y los efectos colaterales son mínimos. Por ahora, probablemente no tome ese riesgo.
No llamaría al cáncer una bendición, pero ha traído bendiciones y perspectivas nuevas. Noto más la alegría en momentos pequeños: ver caer la nieve afuera de mi ventana, pasear al perro en una tarde tranquila y despertar cada mañana sabiendo que puedo escoger esperanza hoy.
Este recurso educativo se preparó con el apoyo de una subvención educativa de Johnson & Johnson.
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