Tal como lo relataron a Nicole Audrey Spector
Enero es el Mes de Concientización del Cáncer Cervical
En 2020, mi hijo que en ese tiempo era adolescente y yo todavía estábamos acostumbrándonos a una vida relativamente nueva. Unos años antes de cumplir 40 años me separé de mi esposo, me mudé de Washington a Utah y me convertí en una madre soltera. Tenía un trabajo en una empresa grande y pasaba muy ocupada con el trabajo y mis responsabilidades relacionadas con mi hijo.
A pesar de mi horario ajetreado y de que no tenía síntomas, siempre me aseguraba de mantenerme al día con mis pruebas médicas anuales, incluyendo las pruebas Papanicolaou. Había tenido resultados anormales en el pasado, los cuales pueden indicar problemas graves tales como células cancerosas o precancerosas. En mi caso, me dijeron que lo único que debía hacer era dar seguimiento.
Cuando estaba acostada en esa lámina de papel delgada y arrugada en la mesa de examinación, no sentía que algo estaba mal. Pero cuando la enfermera certificada empezó con la prueba, parecía que algo estaba muy mal.
"¿Sabe que tiene una masa en su cuello uterino?" dijo.
"¿Qué?" Dije. "¡¿Que tengo qué?!"
"Pase a la siguiente sala para otra evaluación", dijo. "Vendrá un médico para hacer una biopsia".
Mi corazón estaba latiendo aceleradamente con pánico y mi mente iba a mil, pero sentí un poco de tranquilidad al saber que mi equipo médico estaba tomando este problema en serio.
Una vez que realizaron la biopsia, tuve que esperar aproximadamente una semana para recibir los resultados. La espera fue una agonía. Me aterraba recibir malas noticias y más por teléfono. Cuando la enfermera finalmente tuvo los resultados, le dije que necesitaba tener una consulta presencial con ella y la doctora lo antes posible.
Cuando fui a la consulta al día siguiente, la enfermera certificada y la doctora me dijeron que tenía adenocarcinoma cervical, un tipo de cáncer cervical. No sabía nada sobre este tipo de cáncer. Necesitaba respuestas desesperadamente.
"¿Lo superaré?" Pregunté. "¿Sobreviviré?"
La doctora me miró con ojos exentos de empatía.
"Mmm", dijo pensativa. "No lo sé".
Su indiferencia casual fue enervante. No tenía tiempo para eso.
Le pedí que salga.
La doctora salió y la enfermera certificada me explicó que debía tener una consulta con un oncólogo ginecológico para identificar la etapa del cáncer y para hablar sobre opciones terapéuticas. Me dijo que todos mis expedientes médicos se enviaron por fax a una de las mejores doctoras del estado.
Cuando salí del consultorio, fui a mi vehículo y lloré desconsoladamente. Le envié un mensaje de texto a mi pareja y le pregunté si podía llamarle a su trabajo. Le llamé cuando él estaba saliendo de su trabajo y me preguntó acerca de los resultados de la biopsia. Lo primero que dijo cuando le indiqué que tenía cáncer fue, "superaremos esto".
Luego, tuve que hacer una llamada aún más emotiva a mi mamá en Michigan. Fue un cliché, pero cuando contestó el teléfono le dije que tenía los resultados y le pregunte, "¿estás sentada?"
"Es cáncer, ¿verdad?" dijo.
“Si”, dije.
"¿Dónde estás?"
"En el estacionamiento del hospital".
"¿Qué vas a hacer ahora?"
"Aunque no lo creas, voy a trabajar".
Y eso fue exactamente lo que hice. Necesitaba estar en un entorno conocido en el cual no se hablase acerca de cáncer, sin pensar en que podría morir. El viaje en automóvil a la ciudad de Salt Lake duró 45 minutos. Sintonicé una estación de rock a todo volumen y canté a gritos canciones de Ozzy Osbourne.
Deje que pase una semana para decirle a mi hijo de 15 años lo que estaba ocurriendo. Cuando mencioné la palabra "cáncer" él me preguntó preocupado pero con esperanzas, "¿y ahora qué va a pasar?" Le aseguré que lo sabríamos pronto. Me sentí mejor y reconfortada después de hablar con él.
Aproximadamente dos semanas después del diagnóstico, me hicieron una TEP y el radiólogo me dijo que tenía cáncer cervical de etapa 1B1 y que estaba justo a punto de pasar a la etapa 2. Dos semanas después me reuní con la Dra. Hunn, una oncóloga ginecológica muy reconocida.
La Dra. Hunn superó todas mis expectativas como oncóloga. Había revisado mi caso muy cuidadosamente y me dijo con empatía y seguridad, "haré que superes esto y a la final tendremos éxito".
Planteó el siguiente plan terapéutico:
- Seis semanas de quimioterapia
- Seis semanas de radioterapia, cinco días a la semana
- De dos a cinco rondas de braquirradioterapia si el tumor no se encogió
- Una histerectomía total
Estaba completamente de acuerdo y estaba lista para empezar con el tratamiento. Someterme a todos estos tratamientos fue extremadamente difícil. La radiación dejó quemaduras en la parte inferior de mi abdomen. La quimioterapia hizo que me sienta pésimo con vómito y diarrea. No tenía hambre. Incluso mi gran pasión, el café, tenía un sabor asqueroso.
Tuve que someterme a dos rondas de braquirradioterapia y luego tuve la histerectomía. No planeaba tener más hijos, así que una histerectomía fue una decisión fácil desde el punto de vista emocional, pero la convalecencia fue dolorosa. Puesto que todo esto ocurrió durante la peor época de la crisis del covid, tuve que estar sola durante los tratamientos. Usar la mascarilla y estar sola después de una cirugía en la cual se removió mi útero, mientras me recuperaba de la quimioterapia y la radiación, fue una experiencia terriblemente solitaria. Lloraba desconsoladamente.
Todo mi tratamiento duró aproximadamente tres meses. En 2021, obtuve oficialmente las mejores noticias que he recibido: Estaba en remisión.
Si bien me preocupaba morir desde el inicio y puesto que había perdido un amigo cercano por cáncer, me esforcé en mantenerme positiva y optimista durante el tratamiento. Mi enfermera me puso el sobrenombre "petunia positiva". Seguía adoptando una mentalidad optimista no solo por mí, sino que también por otras personas con cáncer.
He estado asistiendo a reuniones de un grupo de sobrevivientes de cáncer cervical y constantemente estoy aprendiendo cómo concientizar de mejor forma a las personas acerca del cáncer cervical y de otros tipos de cáncer. Con eso en mente, he notado una falta preocupante de conversaciones relacionadas con el cáncer cervical y con otros tipos de cáncer que afectan a las personas en formas delicadas. Se estigmatizan en nuestra sociedad. Parte del propósito de la concientización es terminar con esos estigmas.
Actualmente, sigo sin esa enfermedad. Vivo con algunos efectos colaterales molestos del tratamiento contra el cáncer, incluyendo neuropatía en mis pies y linfedema en mi pierna izquierda. Tengo apenas un poco más de 40 años, pero algunos días me siento muy vieja. Me esfuerzo para recordar que he pasado por muchas cosas.
Comparto mi historia ahora porque tiene una relación con un tema mucho más importante y relevante: la vacuna contra el VPH. Ni siquiera sabía que tenía VPH hasta el día que me diagnosticaron cáncer cervical. Solo me decían que mis pruebas Papanicolaou eran "anormales".
Si bien la mayoría de infecciones de VPH desaparecen por su propia cuenta en unos años, algunas cepas de alto riesgo de esa infección pueden causar varios tipos de cáncer, incluyendo cáncer cervical. Hay un método para detener su diseminación. La vacuna contra el VPH está disponible para personas de entre 9 y 45 años. En cuanto fui elegible para la vacuna, después de que mi tratamiento terminó, la obtuve.
Parte de sensibilizar y concientizar a la gente acerca de enfermedades tales como el cáncer cervical implica estar al tanto de la disponibilidad y seguridad de medidas preventivas críticas, tales como de vacunas y pruebas. Si no hubiese tenido mi prueba Papanicolaou de rutina oportunamente, es posible que no estuviese aquí para contarlo.
Recursos
Este recurso educativo se preparó con el apoyo de Merck.
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